FELICES FIESTAS

Sólo quería felicitaros las fiestas.
Recordad: OS SEGUIMOS VIGILANDO
23 Diciembre 2008
20 Septiembre 2006

Una estancia gris es una estancia gris. Por mucho que la adornes con una pizarra llena de frases positivas, por mucho que pintes una cara sonriente en el estúpido maniquí que viste el uniforme de la empresa o sustituyas los pósters corporativos por imágenes de verdes paisajes soleados cargados de flores multicolores (no sé cual es mi preferido, si el del chaleco antibalas colgado en el armario en el que se puede leer ¿No te olvidas de lo más importante? O el de los vigilantes sonrientes –gorra de plato incluida- que dice La seguridad es cosa de todos). Esa habitación es gris y punto aunque a media altura se haya pintado una línea horizontal amarilla.
Una habitación gris no deja de ser una habitación gris y un vigilante no deja de ser un vigilante aunque ahora vista de traje y le llamen instructor, psicólogo o F.
“Dedde ziempre hemo oío quel “ceí” era terminannte pa zabé zi una pezzona tendría ézito en la vía. Zinencuando, haze ya nosaños quen el ámbito empresariá ze dieron cuenta deque hay otras capazidades nezezarias pal el ézito en la vía. Yezah no las medía ningún tés dinteligenzia.
Laemoziones zon impontante en nuestra vía cotidiana y la mayoría de las veze marcan toas nuestra dezizione casi sin percatanno. ¿Le parto la cara al comepolla del encargao del Zupemmercao? ¿Zoi felí en ette trabajo? La mayoría de nuestras deizione están tintás (si no dominás) por la emozione.
Hay gente conún dominio de zu vía emocioná mucho mayó que otra... Leh llamamo vigilanteh. Y é curiozo vé que poca correlación hay entre la Inteligencia clázica y la Inteligencia Emocioná. Po ezo leh llamamo vigilanteh. Un cazo extremo zería el típico "empollón” , llevado ar límite, que é una máquina intelectuá pero con una vida mozioná dezastrosa. Zeguro que conoczéi arguno, y que le habréi dao arguna colleja en el cole. Por otro lao podemo contranno con gente que no pazó de la escuela primaria pero que lleva una vía esitosa, ordená y envidiable. No guttaría llamal-le vigilante, pero en realidá ze trata de fontaneroh, arbañile y políticoh.
Po ezo e nezesario darse cuenta de c´ay que prestá atención a ette tipo dabilidade que pueden marcar nuestra vida tanto o más que el ceí.”
Nada nuevo bajo el sol, excepto que el grupo de gente normal que me rodeaba cuando pasé por algo parecido hace casi un año ahora se ha convertido en un montón de gigantones con el pelo al cepillo... más o menos al cepillo, porque por el fondo me parece localizar un par de cráneos de cenicero.
“Lo principale componente dela inteligenzia mocioná zon: Er Autoconocimiento mozioná (o concidencia duno mimmo) no confundí con dal-le ar manubrio... y zi ze confundiere po-lo meno no hazerlo lante tor mundo. el Autocontró mocioná (o autorregulación) que é má o meno lo mimmo, la Automotivazión (que zon la gana que le jecha a tu trabajo), er Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía)... que evita que no vorvamo pichicópata y matemo a la gente, y la Relacione inteppezonale (o habilidade zociale) que no pirmiten hablá con la gente. Cualquiera puede darse cuenta de que una güena relasión con lo demá é una lah cosa má portante pa nuettras vías y pa nuettro trabajo. Y no zólo tratá los que nos parezen simpáticos, a nuettro amigoh, a nuettra familia. Sino zabé tratá tambié sitosamente con aquelloh questán en una pozizión superió, con nuestro jefe, con nuettro nemigo...”
Temo el momento en el que er zeñó profezó nos diga que abracemos a quien se encuentre a nuestra derecha. ¿Por qué la derecha? Porque a un grupo de profesionales de la seguridad que están haciendo un curso sobre inteligencia emocional, nada de explosivos, seguridad en grandes eventos o perfeccionamiento de tiro, no les puedes decir eso de abraza a tu compañero de la izquierda. Claro que es probable que un cabeza de cenicero se queje: ¡Oiga, Profe! ¡A mi derecha sólo hay una pared! ¡Y el de la izquierda ya está cogido!
“Actuarmente zon mucha la empresah queztán virtiendo musho dinero en formá a zu trabajadore en Intiligencia Mozioná. etto e azín poque zan dao cuenta deque la clave elésito ettá nel grao nelque lo trabajadore duna empreza conoccan y controlen zu mociones y sepen reconocé lozentimiento de lo cliente. Poque, como dize nuettro manuá marillo: “Lo cliente tambié tién zentimiento.
Maginá er cazo dun vendedó que no tuviera u tuvieze bilidade de trato con er púlico, un presario zin motivación po zumpreza o un negoziadó sin autocontró. A ettas pezonas un Maste en Jarvar no le zervirá de ná, poque esharán a perdé zu trabajo po un mal conocimiento de zumociones.
Tené en cuenta que en la zeleccione de personá ze tiende cada vé má a poné ar candidato en zituaciones incómoda o ettrezantes pa vé zu reazión. Lo tiempos der zimple tés y curriculun pazaron a la hittoria, puetto que e nezezario vé cómo reaziona lindividuo u individua ante zituacione clave que zencontrará en su trabajo.”
Mi cabeza es el bombo de Manolo, ese gordo que iba a todos los partidos de la selección española, al que atracaron en Sarajevo... seguro que desde entonces le empezaron a caer mejor los serbios. La hora del abrazo me aterra más que una horda de grafiteros con armas automáticas, de esos que viven en los arrozales de la RENFE. Cada vez que trato de evitar convertirme en un chimpancé contratado temporalmente por la NASA para apretar botones a cambio de plátanos, cada vez que miro al gigantón con el pelo a lo cepillo de mi derecha, él me responde con una mirada que sólo puede expresar lo que le decía Robert de Niro a Billy Crystal en Una terapia peligrosa:
“Si me vuelvo marica te mataré”
Sólo una cosa puede hacer que esta situación se vuelva peor. Levantar la mano. Tomar la palabra. Decirle al Señor F que esto que hacemos es una gilipollez. Pero su previsible represalia es peor remedio que la enfermedad. Su mano firme buscando el bolsillo de la chaqueta. Podría acabar con mi sufrimiento si se tratase de una solución de nueve milímetros, pero probablemente sacaría un trozo de cartulina blanco con una mancha de tinta negra:
“¿Y tú qué vé en etta tajjeta?”
21 Febrero 2006
Cuando empecé en esto, un día le tuve que echar una bronca a un habitante de la pensión por fumar en el ascensor... cuando le comenté a mi casero que le tuve que echar una bronca al gay, me respondió que nunca me considerarían un Vigilante si mi expresión para un caso así no era le di su merecido a ese marica de mierda.
¡Menudos sustos nos da la señora portera! Y lo digo en plan cariñoso porque de portera no tiene nada, lo único que tiene son unos ochenta años, más que suficientes como para dejarse de vivir en un cuchitril, apuntarse al IMSERSO y disfrutar de las playas de Cuba con algún primo hermano del Dinio.
La señora ha estado mala, tan mala que creíamos que finaba. En cama, trasladada por un hermano que tiene al médico de madrugada, y con el vecino gay yéndola a ver a las 6 de la mañana y a las 11 de la noche... vamos, como para el desguace. Una noche agonizando y a la siguiente haciendo como que ejerce de portera (fregando la escalera de los ascensores... ¡A las diez de la noche!).
A propósito, que dice Mauricio que no debo dejarle... no sé si espera que le dé un gomazo en el coco o qué ¡Porque tiene ochenta años! ¡Si estornudo cerca se me muere! y que lo que hace es aprovechar que no está él para limpiar y reivindicar así un piso como portera.
El caso es que tiene un chisme en una pulsera o en un collar para pedir ayuda a un servicio de Teleasistencia, y ahí empezó el lío. Entro (a y media para no mosquear a Mauricio) y me dice que la vieja está en las últimas, que a lo mejor viene algún médico o los del SAMUR o SUMMA... Siete menos veinte, ando de ronda técnica y oigo la puerta principal. Ocho menos cuarto (edificio cerrado) veo a un tipo que no conozco salir como una exhalación diciendo buenas noches, y portando una bolsa de plástico.
Le paro educadamente y le pregunto quién es y qué hace en el edificio. Me responde Soy de Teleasistenssia... en ese momento la tenemos.
Ni me levanto de la silla, sólo le pregunto para qué empresa u ONG dedicada a la Teleasistencia trabaja él... ni una palabra, parece congelado hasta que un temblor me revela que sigue en este mundo. Con toda la proactividad y educación del mundo le pregunto su nombre y su DNI... me dice un nombre y me da un número de NIE, pero cuando le pregunto si podría verlo dice que no lo lleva encima (en Júbilo me han dicho que deben ir acreditados e identificados ¡Y éste no me lleva ni el NIE!). Empieza a temblar pese a que le digo que se calme, que comprendo que está en el edificio por motivos humanitarios, pero le advierto que si no trae llave ningún vigilante tiene por qué abrirle, dado que es una visita, no un habitante del edificio, ni un miembro de la plantila de las empresas con sede allí, ni un miembro de los Servicios de emergencia.
Este señor (latinoamericano para más señas) insiste varias veces que es de teleasistencia hasta que acaba confesando que cuida de otra señora de edad, que vive en esa misma calle (por mí como si vive en el Palacio de La Zarzuela) y que le han dado las llaves. Me da, además de nombre y número de NIE, su número de móvil, su dirección y me enseña el contenido de la bolsa: Un osito de peluche que nuestra señora enferma le acaba de regalar... todo sin que yo le haya pedido otra cosa que su nombre y una explicación de qué hace allí.
Dos días después relevo a Mauricio y me grita que rece para que ese señor latinoamericano no me denuncie, porque al parecer le ha dicho a todo el barrio que yo le he interrogado... le respondo que yo sólo le he preguntado ¿Quién es usted y qué hace aquí? y que no puedo imaginar qué clase de dictadura debe haber sufrido en su país para echarse a temblar y cantar hasta ópera cada vez que un tipo de uniforme le pregunta algo. ¡Menudo rostro tiene el tío! ¡Y ha resultado ser el portero del edificio de al lado!
Finalmente le digo a Mauricio que denuncie lo que quiera, que yo he cumplido las normas: Ni le he interrogado (los electrodos y el curare los suelo dejar en casa junto al chaleco antibalas y el lanzacohetes anticarro... ¿No te jode?) ni le he limitado su derecho a la libre circulación, sólo le he hecho dos preguntas y él me ha contado su vida, obra y milagros... ¡A quejarse al maestro armero!
21 Febrero 2006
No, no tiene nada que ver con aquella estúpida serie de televisión de Antena 3. Voy a hablar de mi compañero, y hablaré de él porque, pese a ser generalmente un tío estupendo a veces llega a cabrearme. Sólo he tenido a un compañero, porque a los dos tíos que me sustituyeron cuando mi cumpleaños no los he visto nunca, y los otros dos que llegaron en mi primera semana a hacer mi trabajo (como que nadie sabía que estaba allí o nadie apostaba a que duraría tanto) estuvieron sólo unos minutos en la instalación.
Yo trabajo de segurata los Viernes, Sábados y Domingos. Dado lo complicado de su horario (sólo hago más horas que él los Viernes y los Lunes por ir a currar a Júbilo) y al ser un hombre casado y con dos niños, sólo puede ir a hacer compras y demás encargos familiares los Viernes, por lo que hemos llegado a un acuerdo: Yo llego media hora antes por las tardes y él me releva media hora antes por las mañanas, lo que me evita trabajar de cara al público con el edificio abierto.
Que llegue a veces a menos veinte y no a y media, y él me eche una bronce porque llego tarde dos de cada tres días (que tampoco es así... quizá uno de cada tres) tiene un pase. Que un día llegue a menos cuarto o menos diez y me diga que ha estado a punto de llamar a la central y no lo ha hecho para evitar que me abran expediente es tener unos cojonazos como sandías de La Garita (que son enormes): Mi turno empieza a en punto... no media hora antes. Incluso una vez, él se retrasaba por haberse dormido. Me avisó por teléfono y llegó al final a tiempo. Cuando me contó que había venido a toda pastilla en el coche la bronca se la eché yo: Porque parece olvidar que es el padre de dos criaturas, porque si fuese necesario llamaría a la central para decir que se efectúa el relevo aunque no hubiese llegado... ¡Y (en plan egoísta) porque si se mata con el coche el relevo tardaría aun más!
A mi compañero le voy a bautizar con el pseudónimo de Mauricio en honor al personaje de Maurice Minnifield (Barry Corbin)... son como dos gotas de agua. ¿Qué es lo que más puede acojonarte de un compañero? Pues tres cosas:
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- Corporativismo exacerbado: Ha habido, desde que empecé a currar en seguridad privada, dos casos de asesinato cometidos por vigilantes en Madrid. El primero fue uno que robó, al parecer un arma, y cosió a tiros al novio de su ex-mujer. El otro es el de Correos, un ex-vigilante que volvió, tras darse de baja, al último lugar donde prestó servicio, mató a dos de sus ex-compañeros e hirió gravemente a una tercera. En ambos casos Mauricio (por H o por B) ha defendido al vigilante acusado de asesinato.
- Descubrir que guarda, no en su taquilla sino en la garita del edificio, un manual sobre el empleo de explosivos, preguntarle si es que se está preparando para promocionar a Vigilante de Explosivos (una especialidad superior) y que te responda que no, que hizo la mili en 1975 en Infantería de Marina y el tema le gusta.
- Hablar de que Alí Agca no le hizo tanto daño al Papa, porque le disparó sólo con un calibre 22, y que él te cuente que a Kennedy y a Miguel Ángel Blanco los mataron con un arma de ese calibre tiene un pase... que a continuación te cuente que él tiene dos fusiles semiautomáticos del 22, uno checo de cerrojo, y el otro un M-16 que le regaló su mujer te llevan a tres conclusiones: 1) ¡Gracias a Dios llevo un uniforme marrón! Porque si no se notaría que me acabo de cagar encima! 2) Su mujer es estupenda y 3) ¡Eso es un regalo!

En fin, que menos mal que es buena persona, aunque algo corporativista y con acceso a armas de asalto y conocimientos sobre explosivos, y que pese a que es algo maniático con la puntualidad se puede hablar con él ¡Menos mal! ¡Porque me suelo dejar el chaleco antibalas en casa!
¡Aupa Mauricio!
4 Febrero 2006
Ahí estaba yo anoche, al borde de la depre, con unas ganas de llorar a moco tendido y dándome cuenta de que sigo siendo sensible (bueno… estúpidamente sensible). Cuando a las cinco y veinte de la mañana me vio Benito, el carbonero, me empezó a dar ánimos: Venga señorito (eso sonó a ambiente rural profundo) que no es para tanto, mañana igual y así día a día… joder, es que no lo entendería.

Lo que me pasó es que me leí de un tirón La Metamorfosis (Kafka) en un turno de noche, en un edificio vacío… ¡Coño! ¡Qué libro más deprimente! Un tipo que se desloma a trabajar como viajante para mantener el nivel de vida de su familia (cuyo padre ha fracasado en los negocios) para darles una casa grande, un nivel de vida estable, una asistenta a media jornada y estudios de música a su hermana menor, despierta un día convertido en escarabajo… y ya está, ya no vale para currar, ya no trae un sueldo a casa, y resulta que es una carga. Su familia tiene que ponerse a currar, su padre (que no trabajaba) empieza de ordenanza en un banco, su madre se lía a bordar por encargo y su hermanita aparca el violín para meterse de dependienta en una tienda. Y tienen las narices de decir que no se mudan a una casa más pequeña porque no saben cómo trasladar al bueno de Gregor (el prota)… joder qué difícil es pillar una caja y hacerle un par de agujeros. Además meten a tres inquilinos en casa que se indignan por ver al pobre hermano mayor (ahora insecto) y dicen que se irán sin pagar o les denunciarán. ¡Y el pobre bicho pasando hambre con una manzana incrustada en la espalda! Manzana lanzada a mala hostia por ¡Su padre!... Lo peor es cuando la asistenta se da cuenta de que ha muerto y reacciona como una Loli de Alcorcón. Cuando se lo conté a mi compañero me echó una bronca: Lee algo que te entretenga, no que te destroce.
Tremendo, te deslomas a currar, y cuando no puedes más eres una carga. ¿Serán desagradecidos? ¡Debió inocularles huevos en el cerebro o algo así! La cosa me recordó mis tiempos de tarjetero: Es que además El EP3 publicaba un estúpido artículo (tipo tendencias) en el que entrevistaban a unos tarjeteros (llamarles RRPPs o repartidores de flyers me parece la pijada más estúpida que he leído en décadas) que contaban lo maravilloso que es su trabajo: Ganas dinero mientras estás de fiesta, las copas te salen gratis, invitas a chupitos y conoces gente… ¡Oh! ¡Ligas!... cómo se nota que esa panda no trabajó para el estúpido analfabeto de Nano y la zorra muerta de Susana.
Me imagino entrevistado (y luego censurado) por ese suplemento: ¡Es maravilloso que te llueva, nieve o lancen ceniceros desde veinte pisos de altura mientras una horda de pijos borrachos trata de vacilarte y sacarte copas gratis! ¡Adoro que la zorra de la encargada salga a gritarme delante de los clientes porque el local está vacío! ¡Cómo mola que tu jefe te despida la noche del 11 al 12 de Marzo de 2004 porque sólo has vendido seis consumiciones la noche que Madrid ha sufrido el mayor ataque con bomba desde la Guerra Civil! (el señorito decía que no iba a dejar de comer sólo por eso) Y sobretodo lo más “guachi” (chicas y chicos de EP3) es que a esta gentuza que son dueños de locales de ocio nocturno no les toque nadie ¡porque a todo el mundo le importa una mierda!

Antes de desvariar, me recordó mis tiempos de Tarjetator por una conversación que tuve con uno de los porteros: Don Giovanni. (autor de la frase gloriosa La única mariconada es perder una pelea) Un tipo de cerca de cincuenta años con un crío de 16 (motivo de orgullo paterno y de su úlcera gastroduodenal) que decía que no sabía si trabajaba para vivir o vivía para trabajar: Se metía de ocho a doce horas de construcción diarias y los fines de semana a currar de portero de disco. A Don Gio le tocaba las narices de sobremanera que mientras a los tarjeteros de línea nos trataban como a la mierda, su Giovannín se pasara la noche fumando porros, emborrachándose y quitándole clientes al resto (porque repartía incluso dentro del local). Cuando me dijo que no sabía qué hacer con tanto dinero, dado que no tenía tiempo para disfrutarlo, le recomendé la tradición del Antiguo Egipto: Púletelo cuando te veas mal, y lo que te sobre lo inviertes en tu entierro. Me preguntó que qué había de su hijo… le respondí que se busque la vida, yo al menos quiero ser enterrado en una puta pirámide alicatada hasta el techo… hasta la jodida punta de arriba con la jodida Porcelanosa.
Y es que el pobre Gregor Samsa debió hacerse en secreto un seguro contra el riesgo de metamorfosis insectoide… ¡O fugarse con la camarera del bar donde comía! ¡A la que le tiraba los tejos! ¿Y la familia? Si hubiese podido prever lo que iba a ocurrir (morir de hambre y de pena en una habitación sin muebles que él había pagado con sus comisiones y rechazado por la familia que él había mantenido) los habría mandado a descargar camiones a Mercamadrid u otro lugar similar ¡Buscaos la vida! ¡Me piro al Caribe! ¡A tocar culos de mulatas! Y si no están de acuerdo que se lean el relato de “Hormigax”… cariño, tendrás que empezar a buscarte la vida.
Para verlo de otro modo o leer más cosas que me pasan, ir al original.
23 Enero 2006
Hay un habitante en particular del edificio donde me toca trabajar que resulta, cuando menos, cómico. Cómico o algo peor… Se trata de la portera, pero eso es un decir.
No es la portera, es la hija de los últimos porteros que tuvo la finca. No sé qué edad tendrá, pero aparenta más de ochenta… y mi abuela (en paz descanse) estaba muchísimo más lúcida que ella. Vamos, que vive en la portería y si le hace feliz puede considerarse portera honoraria, pero debería llevar 15 ó 20 años jubilada. Más o menos resulta como el personaje de Vicenta, en Aquí no hay quien viva, pero no tiene tanta gracia (y en persona huele peor)
La primera sensación que produce la vieja es de ternura, la típica señora mayor a la que adoptarías como abuelita, para hacerle compañía (aunque incluya tragarse todos los programas del corazón) a cambio de que ella te prepare galletas caseras y vasos de leche cacao… luego la hueles y pasa lo que pasa.
Además, curre que en cuanto te descuidas va ella y se chiva de, lo que cree, una negligencia o algo peor. No sé si será Síndrome de Diógenes o sólo la soledad, pero cuando sale a tirar la basura regresa al edificio más cargada… y según el carbonero guarda cajas de cartón y periódicos viejos al lado de la caldera (una caldera preciosa, de carbón y leña… de esas que echan un pestazo a humo que tiran para atrás). Lo peor (ya me lo advirtió mi compañero) es cuando vuelve de tirar la basura y te ofrece fruta para cenar… ¡A saber de dónde coño han salido esas manzanas!
Otra de las obsesiones de la vieja son los calendarios… le pide calendarios a todo el mundo. ¿Pensará empapelar el cuarto en el que vive con hojas de calendario como hizo uno de los personajes de La Profecía (éste usó páginas de la Biblia). No es así, la vieja colecciona calendarios para luego regalarlos a la gente… ¡y si un día le dices que no quieres te seguirá y seguirá ofreciéndote los jodidos calendarios! ¡Es el monstruo de los calendarios, la protagonista de la próxima peli de Wes Craven “Sé que no tienes Calendario de este año”… un encanto, en realidad es como un giro de tuerca del personaje de de Aquí no hay quien viva.
Con la llegada de las fiestas navideñas la cosa tornó a peor. Recuerdo su frase (que me permitió responder en plan John Wayne) Qué hace aquí, joven, Dios hizo el Día para trabajar y la noche para descansar… (tratad de imaginar mi respuesta: Los chicos malos quieren el día para holgazanear y la noche para robar, señora, por eso estamos aquí…
En ese plan, tras preguntarme el 23 si había comprado Lotería de Navidad (no), el 25 me preguntó si me había tocado la lotería (porque ella sí que se acuerda… me parece que más bien se hace la tonta). Esto dio pie a otra frase gloriosa: Claro que me ha tocado, señora, si yo soy segurata por vicio.
Lo malo de la vieja es cuando la monta. Hace unos días dejaron que mi compañero saliese antes… el Presidente de la empresa en persona le dio permiso. Llegó la cartera del turno de tarde y ¿quién tenía que saltarse todas las normas de seguridad? ¡Exacto! Para un día que la cartera de siempre libra y le toca a una que dejó que ella recogiese el paquete, un paquete que debe ser analizado y pasado por el scanner (valga la fantasmada) lo recoge este terremoto octogenario, se lo queda dos días en su cuartito y luego se lo da a una empleada de la empresa añadiendo es que como el vigilante no estaba en su puesto…
A mí me hizo otra. Al parecer la abuela ha provocado dos intrusiones en la instalación: Sale a tirar la basura, o a comprar o a lo que quiera que haga y, no es que deje de echar la llave, ¡Es que deja la puerta abierta de par en par! Una de las veces que lo hizo me tocaba a mí de guardia y (atención al diálogo) cuando le dije ¡Ciérreme la puerta, por el amor de Dios! Ella me empezó a gritar que le habían puesto el contenedor de basura muy lejos, que por qué tenía que cerrar la puerta habiendo un vigilante y que si yo me creía un Guardia Civil… era la primera vez que alguien me llamaba picoleto en mi puta vida, y encima era a modo de insulto por pedir por favor que cierren la puerta con llave. Menos mal que sólo uso a Anestesia para rascarme la espalda y para hacer chistes sobre enormes penes.
Mi compañero me recomendó que cuando no cerrase ella que diera yo un portazo y echase la llave. Con confianza vamos, que ella seguro que lleva la suya encima, y si no es así… pues no tengo por qué abrirle la puerta (al fin y al cabo no soy el portero del edificio). Claro que luego vienen los remordimientos (Madrid… Invierno… ¿Es nieve lo que cae?

A veces pasan días y la vieja no rezonga por ningún lado. Mi compañero tiene una frase para estos casos: Llamaremos al SAMUR cuando empiece a oler. Cruel, contundente… ¿Qué esperabais de un par de Vigilantes? Pues la cosa va más allá: Tenemos Tácticas anti-coñazo
- Durante el turno de día, mi compañero se limita a ser arisco y gritarle que le deje en paz, que está trabajando.
- En mi caso estoy entre el disculpe, tengo que hacer una ronda (y esconderme en la escalera hasta que se ha ido) y, mi preferida, La Comunicación Periódica Constante.
- CPC: A la vieja se le oye venir (no sólo resopla por el esfuerzo de caminar, sino que cuenta cada escalón que sube o baja por el camino… ¿Y creíais que yo me volvía loco por contar las baldosas?) así que en cuanto es detectada agarro el auricular del teléfono, marco una cifra al azar (sin pulsar el botón de línea al exterior) y hago como que hablo con la central… ¿Qué dice por ahí que estoy hablando por teléfono toda la noche? Que comprueben el registro de llamadas… Lo mejor es que ella ha desarrollado un sistema de contravigilancia contra el vigilante para saber si hablo de verdad por teléfono o hablo sólo… me espía desde la escalera que da al ascensor (a mi espalda), pero yo he desarrollado el truco de la contra-contravigilancia contra el vigilante (menudo trabalenguas) al verla por el reflejo de las ventanas de mi garita. Sólo una vez me ha sorprendido… ver su cara decrépita y su pelo sucio a lo South Park me dio un susto de muerte… joder, incluso se me quitó el hambre (pero sólo durante una hora…) entonces hice como que miraba el reloj, grité ¡MIERDA! Y cogí el teléfono… estaba tan asustado (es que el careto de la abuela se las trae) que ni siquiera pulsé los botones… ella lo vio y dijo ¡Aja! ¡No está usted hablando por teléfono de verdad! A lo que tuve que responderle (acabada la conversación ficticia de 20 minutos… jodido aguante que tiene la vieja) que ése era un teléfono especial muy moderno, y que las teclas tenían un sensor fotoeléctrico que leían las huellas de los vigilantes asignados a ese servicio y marcaban el número en cuestión… estoy seguro de que ni siquiera sabía de qué coño hablaba, pero debió colar, porque al día siguiente se había olvidado de todo.

Me diréis que nos pasamos tres pueblos con la vieja. En un día normal os diría que sí, pero hay que tener en cuenta que no estamos allí doce horas al día para cuidar a esa señora, y que no somos la niñera de nadie. De todos modos, aunque en el fondo no la odio, cualquiera que crea que nos pasamos con la señora (a la que solo queremos espantar y que se limite a un buenas noches…) le retamos a que pase un turno de doce horas en uno de los días críticos de la misma… a ver si la aguanta.
13 Enero 2006
- Qué, ¿Cómo ha ido la noche?
- Una vez más esto no ha ardido hasta los cimientos… vuelvo enseguida
(Enseguida, en la jerga de los vigilantes de seguridad son unas doce horas)

Ya me estaba retrasando en escribir sobre esto. Evidentemente estoy limitado por el secreto profesional (al parecer los seguratas también estamos sujetos al secreto profesional… por ejemplo una bellísima compañera de PROSEGUR me preguntó dónde estaba el servicio –mi centro de trabajo- y tuve que responderle que tenía uno en cada una de las seis plantas del edificio… ante unas limitaciones algo fantasmonas la solución del Vigilante es mentir y tratar de hacerlo con cierta gracia), pero creo que hay detalles divertidos que os puedo contar:
Cuando mi primer coordinador de servicios me describió el puesto, me dijo que se trataba de un edificio de oficinas, y que trabajaría en un equipo de seis vigilantes… ¡Coño! Me dije ¡Eso debe ser un Winsdor como mínimo!...
Un Winsdor como mínimo:… Iluso de mí. Me imaginé una gigantesca torre de acero y crista, calefacción centralizada, sistemas automáticos anti-incendios y anti-intrusión, sensores de movimiento, y de identificación automática que relacionan la matrícula del coche con la cara del conductor, lectores digitales de la palma de la mano, escáneres de retina… y una escuadra de escogidos vigilantes de elite de la primera multinacional española de seguridad privada… ¿Sabéis qué me dieron? Una puta casa vieja. Félix pasó a verme una noche y le sorprendió no ver puntos de fichaje para las rondas, ¿sabéis qué le dije?: ¿Quieres ver el sistema automático contra incendios e intrusiones? lo tienes delante (señalándome con el dedo... fue como aquella frase del Señor G: El único seguro del revólver es vuestro dedo)
Sí, la instalación a mi cargo es una jodida casa vieja de seis pisos, tres pisos de oficinas., dos pisos vacíos y una pensión en el último. Seis pisos, 108 escalones… 2856 baldosas a las que poco a poco voy poniendo nombre. ¡En serio! Una noche las conté, y decidí asignar a cada una un nombre único y distinto al del resto… cuando grite uno de los nombres de madrugada y escuche claramente que la baldosa me responde tendré que empezar a preocuparme en serio. Por lo pronto la distribución onomástica va a ser:
- Primer piso: nombres ingleses
- Segundo piso: nombres alemanes
- Tercer piso: nombres españoles
- Cuarto piso: nombres italianos
- Quinto piso: nombres vascos
- Sexto piso: Nombres eslavos

Como si se tratase de aquel episodio de Dilbert, las oficinas están ocupadas por ingenieros y personal de servicios de la empresa (informáticos, ordenanzas, telefonistas…) en dos meses he visto a tres informáticos y a una ingeniera… y no venían a hacer horas extras, sino a dejar o recoger material. Curioso, hay gente que tiene demasiado tiempo libre, como un ordenanza del primer piso, que llega a trabajar a las 6:30, y se larga a las 19… coincidiendo (a la inversa) con mi horario de trabajo. Ese cabroncete me dejó encerrado un lunes por la mañana, entró cuando mi compañero desayunaba al lado, y mientras yo me estaba cambiando. Esta descoordinación (la única vez que ha pasado) tuvo que coincidir, por Ley de Murphy, con la llegada de este buen señor que, al no ver a nadie, entró y cerró con llave.
Respecto a los habitantes de la pensión, tan sólo he de decir que todo el edificio pertenece a la empresa, y que ésta lo ha alquilado a una señora que permite que su hijo la dirija. Eso significa que los fines de semana por la noche, veo pasar al chico con varios amigos y mogollón de cervezas… por lo menos se dignan a apagar los porros fuera de la instalación.
Hay inquilinos en la pensión: Un borracho algo pesado (que fue expulsado el 20 de Diciembre… ¡Feliz Navidad pequeño Joe!), un tipo con perilla muy salado. Un gay muy educado (pero algo ido de la olla), otro tipo también muy educado (pero no homosexual)… y un viejo calvo, gordo y con gafas. También hay una portera que en realidad no es portera: Una vieja de unos 80 años, más pesada que una vaca en brazos, que es la hija de los porteros. Vive en un cuartucho junto a la caldera y al nido de las ratas (lo olvidaba: Hay calefacción central… caldera de carbón y leña… de las que huelen a barbacoa) con un alquiler de renta antigua. Con la esperanza de conservar esa infravivienda, su hermano (porque ella no está en condiciones de negociar nada) ha rechazado los ofrecimientos del Gran Jefazo de pagarle una residencia, por lo que tenemos que aguantar a la pobre mujer, a su soledad y a su Síndrome de Diógenes (guarda papeles y cartones al ladito de la caldera… ¡Bieeeeen!)
El personal externo somos Benito, el carbonero (al que veo todos los días a las 5:30 de la mañana), mi compañero y yo. Mi compañero es un tipo de cincuenta años gracias al cual, PROSEGUR tiene este servicio. La empresa no quiere a PROSEGUR… ¡Le quiere a él! De hecho cuando pide un día libre me lo dan a mi también. El tipo se hace alrededor de cuatrocientas horas al mes (con lo que rebasa el máximo de horas legalmente establecido para un año en unos pocos meses… pero él está de acuerdo, y el cliente también. Al igual que yo (espero que el próximo mes) es licenciado. En derecho para más señas… Contra todo tópico hay muchos licenciados en este negocio, más de los que cualquiera diría a primera vista. Eso me recuerda a un chiste de vigilantes:
¿Qué hace un Licenciado trabajando de Vigilante de Seguridad? Muchas horas… como el resto. Debe ser la falta de sueño, pero lo encuentro hasta gracioso.
Posdata:
- La imagen tiene historia. Tras el incendio del Windsor, en el complejo de Azca, un amigo (al mejor estilo del manifestómetro) logró atravesar el perímetro policial y sacar ésta y otras fotos de las ruinas del rascacielos. Sencillamente genial.
- Los lectores más observadores se habrán fijado en que hay un nuevo enlace, se trata del Espacio MSN de mi compañero de promoción Hristo. Me pareció buena idea enlazarlo aquí y ayudarle a conseguir algunas visitas. ¡Suerte con tu blog Hristo!
- Ayer fue el cumpleaños del Miguel (Tres Columnas). Sé que no ha publicado nada desde que le abrí ese blog, pero es que no tiene tiempo material (son dieciséis horas de jornada laboral las que se pega en su bar). Supongo que agradecerá alguna felicitación. ¿Quién sabe? puede que incluso publique algo.
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